Volando a ras de suelo (2008)

José A. Sánchez

Goya. El toro mariposa

Imagen y escritura en la creación escénica española contemporánea

Conferencia presentada en el Ciclo: “Rite of Spring”, organizado por La Ribot y Live Art Development Agency. Centre d’Art Contemporain, Ginebra, 29 de febrero de 2008.

  

Querría comenzar esta exposición presentándoles una de las últimas adquisiciones del Museo del Prado: El toro mariposa, un dibujo realizado por Francisco de Goya en su exilio de Burdeos entre 1824 y 1828. “Buelan, buelan”, son las palabras que se leen en la parte inferior del dibujo, que representa a un toro desproporcionado, ridículo, tanto por la posición de sus patas, como por la de su pene, como por la expresión de su cabeza, pero sobre todo, por esas pequeñas alas con las que cree poder remontar el vuelo. Lo observan riendo un puñado de rostros, que se mofan del deseo y de la impotencia del toro sin reparar en su propia deformidad, en su monstruosidad y en su precariedad.

El toro mariposa es muy distinto de los seres intermedios imaginados o soñados por Odilon Redon. Redon parece creer el sueño y vivir el drama de esos seres que quisieran ser espíritu y están condenados a ser tierra. Goya, en cambio, prefiere la distancia y centrarse más bien en la crueldad de quien se burla de los intentos de superación del otro, de quien se burla de la sensibilidad, de la voluntad de progreso, del sueño imposible. En el grabado de Goya la mariposa de los rostros es más pesada que la figura del toro que trata de elevarse con ayuda de sus dos alitas.

Este dibujo de Goya se exhibe actualmente en una vitrina en el centro de una de las nuevas salas donde cuelgan también el resto de estampas del Album G. La horizontalidad es el modo original del dibujo y de la escritura, en contraste con la pintura, el cine o la televisión. Y la recepción del mismo, por tanto, muy diferente, ya que además de imagen, el dibujo se percibe al mismo tiempo como signo y como objeto. El visitante que acude hoy al Museo del Prado deberá inclinarse ligeramente, arquear la espalda, para examinar adecuadamente el dibujo. Y no sólo eso, deberá concentrarse en él durante un tiempo, el mismo tiempo probablemente que tardaría en leer la página de un libro.

Aunque Goya no escribió mucho más que cartas, su voluntad reflexiva se hace evidente en su interés por el grabado a partir de 1771. En el anuncio de venta de Caprichos, aparecido el 6 de febrero de 1799 en el Diario de Madrid, supuestamente redactado por Leandro Fernández de Moratín, se leía: “Colección de estampas de asuntos caprichosos inventadas y grabadas al aguafuerte por Don Francisco de Goya. Persuadido el autor de que la censura de los errores y vicios humanos (aunque parece peculiar de la elocuencia la poesía) puede ser objeto de la pintura”. Es decir, Goya asumía una tarea reservada tradicionalmente a la escritura. El lápiz litográfico utilizado para El toro mariposa habría de competir con la pluma del escritor en una disputa por el formato que permite la plasmación del pensamiento. [...]

 

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